Asociacionismo municipal: los pendientes

México es precursor de ciertas instituciones en el mundo. De hecho, tiene la primer Constitución de la era moderna (1917) que introdujo en su texto derechos sociales como los consagrados en sus artículos 3, 27 y 123, relativos a la educación, régimen de propiedad colectiva de la tierra y derechos laborales. Sin embargo, en algunos otros temas (no obstante tratarse de mega tendencias), México se ha insertado tardíamente en ciertos procesos (el de la democracia electoral sería un buen ejemplo), pues apenas podemos asignarle un poco más de un par de décadas al tema de la “normalidad” electoral, cuyo nivel, en términos de la legitimidad y respeto a la voluntad ciudadana, quedó demostrado con creces en la reciente jornada del primero de julio de 2018. En ese contexto, el tema de la descentralización de la vida nacional y las instituciones para lograrla también es un proceso al cual México se incorpora tardíamente. De hecho, en estos últimos años presenta graves retrocesos.

Democracia, descentralización y federalismo son conceptos que se complementan el uno con el otro y, en México, tuvo que darse la lucha para lograr la primera y en su consecuencia, hoy por hoy, nos encontramos inmersos en la búsqueda de las mejores instituciones que favorezcan la descentralización de tal manera que las demandas sociales se resuelvan en la medida de lo posible por la sociedad misma, y en ese orden, por el ámbito de gobierno que le sea más cercano. En 1983 entró en vigor la reforma constitucional al artículo 115 promovida el año inmediato anterior por el Presidente Miguel de la Madrid bajo todo un diagnóstico y tesis, que al menos confirmaba la necesidad de descentralizar no s